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EN LOS MEDIOS


 
La Universidad de Flores, en cada una de sus áreas de estudio, es consultada por medios de comunicación como fuente de conocimiento. En este apartado encontrarás una selección de notas publicadas con temas de interés social y científico.




Adicciones, contextos y ternura

El tema de las drogas está presente hoy en la agenda pública, política, educativa, judicial y social. Desde perspectivas que buscan perseguir a los que las consumen, los que la entienden como una enfermedad grave y permanente y los que buscan relativizar su consumo, el que no siempre sería perjudicial

Este escenario nos muestra la complejidad del tema y las diversas y opuestas visiones que genera en diversos grupos sociales.

Lo que es innegable es su existencia y las contradicciones que provoca en diferentes sectores de la población.

Ante esto podemos preguntarnos: ¿Son las drogas en sí un problema? Si podemos eliminarlas: ¿Se terminarían automáticamente los conflictos asociados a ellas?

Tenemos que ser muy cuidadosos en centrarnos tanto en estas sustancias, pues muchas veces no consideramos “drogas” al tabaco y al alcohol (ambas legales) y producen múltiples daños, accidentes y enfermedades y nos centramos solamente en aquellas ilegales, pues pareciera que sólo éstas serían las verdaderamente nocivas y las que generarían conflictos. ¿Son éstas el problema? ¿Tienen vida? ¿Nos “atacan” o “matan”?

Muchas campañas de prevención se centraban en buscar alertar sobre el “peligro” de las drogas. Esta perspectiva parecen dotar de una inexistente vida a la marihuana, la cocaína o al paco y dejar a los sujetos y comunidades como meros entes pasivos, totalmente vulnerables a sus malvados ataques. ¿Es así?

Muchos consideramos que no. Que el problema no puede ni debe centrarse en las drogas. Debe centrarse en las personas y las comunidades y en sus potencialidades.

Si algunas personas tienen un consumo problemático de sustancias es manifestación no sólo de un profundo malestar psíquico, sino también lo es de hondos malestares sociales. Si hablamos de Adicciones debemos hacerlo desde una perspectiva integral, biopsicosocial, donde existen cuerpos, mentes, comunidades y sociedades.

En la población argentina el tema está instalado. Así lo muestra el Sexto estudio nacional sobre consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes de enseñanza media 2014 de SEDRONAR “el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida por los estudiantes en todo el país, tanto entre los varones como entre las mujeres y en los grupos de edad de 15 y 16 años y el de 17 años y más”. También especifica que, “el consumo de alcohol se incrementa con la edad de los estudiantes. Sin embargo debe señalarse que la mitad de los adolescentes de 14 años o menos ya habían tomado alguna bebida alcohólica alguna vez. El análisis de tendencia durante el último quinquenio (2009- 2014) pone en evidencia que, en términos generales, el valor de la prevalencia del consumo de bebidas alcohol entre los estudiantes secundarios se mantuvo estable”.

Aquí la situación se agrava cuando nos referimos a grupos vulnerables de nuestra sociedad: un chico sin familia, con un sistema educativo que no lo contiene, con un grupo familiar carente de herramientas para cuidarlo y criarlo (alimentación y seguridad mínima como base) y sumado a los prejuicios raciales y sociales… consumir determinadas sustancias puede ser una salida, un escape y una anestesia. Las drogas así pueden constituirse a una dramática respuesta a un sistema social y económico que excluye y margina a muchos, donde algunos tienen demasiado y muchos tienen muy poco.

Si reducimos las adicciones a una patología, reducimos también las evidentes condicionantes sociales estructurales que están detrás del problema. Si es sólo una enfermedad queda en manos de especialistas (médicos, psicólogos, enfermeros, trabajadores sociales entre otros), que sin duda son necesarios, pero el conjunto de la sociedad queda al margen; limpia y pura de toda mancha. Ellos, los “adictos” son el problema. Si están enfermos, se tienen que curar. Y a veces a la fuerza.

Negar lo social de los problemas individuales es un gran triunfo del mercado. Y esta victoria hasta se hace rentable: a cada enfermedad, un fármaco y una industrial mundial que lucra y muchas veces de formas non sanctas. Pareciera que estamos hiperpatologizando nuestros comportamientos cada vez más. Y con las adicciones también. Y no sólo de drogas, sino también de trabajo, de juegos de apuestas, de tecnologías, de cuerpos perfectos y de un sinfín de otros consumos sin sustancias.

Las adicciones son una respuesta ante un sistema que muchas veces cierras puertas y las abre sólo para un lucro desmedido, sin rostro y sin humanidad. Si hablamos de drogas y de adicciones hablemos de lo que nos falta a todos: de trabajo, de tierra, de techo, de dialogo, de respeto, de cuidarnos y también (como tantas veces el Papa Francisco ha señalado) de ternura.

Quien no se siente mimado, querido y cuidado nunca podrá acatar límites ni aceptar una autoridad. La autoridad no se obtiene, se conquista y se gana permanentemente.

La gana el padre o la madre en casa, el profesor en la escuela y en la universidad, el jefe en el trabajo o los gobernantes en su gestión.

Sólo en una autoridad basada en el afecto genuino puede montarse los límites. Esos que muchas veces no han tenido quienes están en el consumo de drogas y otras adicciones.

Autoridad conquistada, respeto y ternura pueden ser algunas salidas, complejas sin duda, ante los problemas sociales que tenemos y entre ellos también las Adicciones.