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Las transformaciones socioterritoriales en el Alto Valle, bajo la lupa



A partir del hallazgo de yacimientos petrolíferos en aquella región patagónica, investigadores de la Universidad de Flores analizan la revalorización de su suelo y sus consecuencias sociales.

Desde 2011, año en que YPF descubrió el yacimiento petrolífero no convencional conocido como Vaca Muerta, en el Alto Valle del Río Negro, varias empresas se instalaron en el lugar para explotar sus tierras. De un día para otro, aquella región patagónica se transformó en la gran esperanza negra de nuestro país. Pero esa aparente prosperidad, sin embargo, tiene contrapuntos que repercutieron en los habitantes. Uno de ellos fue un notorio incremento de los valores del mercado, incluyendo el del suelo. El otro gira alrededor de la tensión producida entre una actividad ya existente como la fruticultura y esta nueva avanzada petrolera.

Encabezados por el arquitecto Guillermo Tella, un grupo de investigadores de la Universidad de Flores se propuso indagar sobre aquel escenario y las dinámicas –tanto económicas como sociales– desencadenadas en torno al proyecto petrolífero de Vaca Muerta. El objetivo es presentar una serie de estrategias y de recomendaciones de actuación.

El Alto Valle, una subregión que se encuentra sobre la margen izquierda del curso superior del Río Negro y que se extiende más allá de la confluencia del Neuquén y el Limay, contiene, entre otras, las ciudades rionegrinas de General Roca, Cipolletti y Villa Regina, además de la capital de Neuquén y la también neuquina Centenario. El estudio de UFLO detectó ciertas fracturas en la economía tradicional de estas localidades, vinculadas a la incidencia del petróleo en los precios y los costos.

Revalorización del suelo vs. Aumento de costo de vida

“En ciudades de esta región”, explica el arquitecto Tella, “donde el empleo público es muy fuerte y se mueve con un tipo de economía, la actividad del petróleo es mucho más potente y tiende a distorsionar. Se generan ciertas dualidades: cuando vas a comprar al supermercado, todo está al precio del petróleo, o mejor dicho, del petrolero. Observamos una fuerte puja entre petroleros y chacareros”.

El Alto Valle late al ritmo de estas ciudades oasis, separadas entre sí por entre diez y quince kilómetros de desierto, y vive gracias un sistema de regadío por canalización creado hace más de cien años. Esto abarca 70 mil hectáreas de extensión y favorece el cultivo de peras y manzanas, pero frente al avance del petróleo todo ese suelo comienza a tensionarse. El investigador lo grafica con un ejemplo: “Viene un petrolero que necesita un campamento para ubicar a los operarios y compra una hectárea por tres veces lo que vale. Para el petrolero es poco, pero para el propietario es un montón, entonces se termina imponiendo una economía por sobre otra. Estas distorsiones son muy fuertes y van deteriorando el paisaje urbano. Aparece una ciudad que se mueve al ritmo de la actividad petrolera, que suele levantar las alamedas y los canales, por lo que también atentan contra la sustentabilidad de la región”. El chacarero, como sostiene Tella, tiene un compromiso con el territorio (lo siembra, lo cuida, cosecha los frutos) distinto al del petrolero, que extrae y abandona el lugar.

Añelo, un pequeño pueblo en el ojo de la tormenta

Ubicada a cien kilómetros de la ciudad de Neuquén, la localidad de Añelo ya había sido noticia porque de sus suelos se extrajeron hidrocarburos con métodos no convencionales (proceso más conocido como fracking). Pero por su ubicación estratégica, este pueblo de diez mil habitantes (hace diez años no superaba los dos mil) se convirtió inesperadamente en el epicentro del boom especulativo. Como consecuencia, Añelo adoptó ciertos ritos y costumbres de una ciudad petrolera –donde no están exentos el alcohol y la prostitución como refugio para trabajadores solitarios–, pero no cuenta con una infraestructura acorde a una planificación organizada. 

Guillermo Tella recuerda su encuentro con el intendente de Añelo, en una casa prefabricada que oficiaba como despacho: “Eso es muy simbólico respecto al tipo de decisiones que tiene que tomar: ¿qué puede hacer frente a esas empresas, tanto nacionales como internacionales, que tiene instaladas en su localidad?”.

Para los investigadores, es indispensable generar un proceso participativo de definición de crecimiento y de cuál es el papel que cumple Añelo en la región, que es el centro neurálgico de Vaca Muerta. Pero toda esta zona de confluencia no tiene un plan que permita pensar colectivamente cuál es el horizonte de crecimiento.

Resultados parciales y proyecciones

Pese a que todas estas expectativas generadas en torno al petróleo justificaban todo tipo de depredación ambiental, actualmente se abre una ventana de oportunidades. El presente contexto resulta favorable, ya que internacionalmente cayó el precio del petróleo y, por consiguiente, se frenó el boom especulativo. Pero habrá que tomar los recaudos necesarios si se produce una nueva disparada.

Según el estudio de la Universidad de Flores, hay una metropolización incipiente en ese caudal de ciudades, incluso en aquellas que presentan características rurales (se utiliza el concepto de rurbano), pero no se está advirtiendo un proceso de integración y cada una se piensa en sí misma en materia de transporte, servicios, residuos y demás aspectos. “Ese es un problema”, señala Tella, y agrega: “Para pensarlo metropolitanamente como una región en sí misma, la idea es que cada ciudad juegue un papel en ese escenario: una que aporte servicios; otra, insumos; otra, finanzas”. 

A través de un trabajo exploratorio de la zona, del comportamiento de algunos patrones y de un relevamiento de los precios del suelo, los especialistas ya arribaron algunas conclusiones parciales. Por ejemplo, un monitoreo de la zona aledaña a la plaza de Añelo demostró que, en los últimos 20 años, un lote quintuplicó su valor al ritmo de las expectativas del petróleo. Al mismo tiempo, y al haber mucha demanda y poco suelo vacante, los precios de los alquileres también se incrementaron notoriamente: la cuota mensual de una casa de dos ambientes puede llegar a costar no menos de $25.000.

El objetivo de los investigadores es establecer un diagnóstico que permita presentar una propuesta para las autoridades de la región, que comprenda hacia dónde debería evolucionar este territorio y qué rol debería desempeñar cada municipio. De esta manera, se podrá fijar una agenda que irá monitoreando el paisaje y que defina qué amerita ser preservado.

Publicada el 3/11/2016.