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Estudian reducir el riesgo cardiovascular a través de la actividad física



Un estudio de la UFLO analiza dos tipos de entrenamiento: el aeróbico continúo y el aeróbico intervalado de alta intensidad. Se busca determinar cuál produce mayor beneficio en pacientes coronarios.

Enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, enfermedad obstructiva crónica, cáncer de colon y mamas. Son éstas las enfermedades crónicas no transmitibles (ECNT) más conocidas, lamentablemente en muchos casos gracias a su alta tasa de mortalidad. Está científicamente consensuado que un nivel de actividad física medio o alto reduce el riesgo de contraer estas enfermedades, pero ¿en qué medida?

Una investigación de la Universidad de Flores se propone averiguar qué entrenamiento genera mayor beneficio sobre la capacidad física y el control de los factores de riesgo cardiovascular. El estudio, basado en una muestra de pacientes coronarios del Programa de Rehabilitación Cardiovascular del Sanatorio Dr. Julio Méndez, a cargo del Dr. Miguel Resnik, y del Programa de Deportes y Salud: Atleta Urbano, del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación, a cargo del Mg. Gustavo Moreno, contempla dos opciones: entrenamiento aeróbico continuo y entrenamiento intervalado de alta intensidad. 

“Nuestro objetivo está puesto en conocer los efectos que distintas dosis de ejercicio generan sobre el tratamiento de los pacientes coronarios. A la hora de elaborar un entrenamiento tenemos que pensar en el tipo de ejercicio, la intensidad, la frecuencia semanal y la duración de la sesión. Estos son los ingredientes para elaborar un producto adaptado a las necesidades individuales y así conseguir los efectos deseados”, señala Gabriela De Roia, doctora en Ciencias del Ejercicio Físico y del Movimiento humano y codirectora del proyecto.

Los dos tipos de entrenamiento analizados por los especialistas de la UFLO son el aeróbico continuo y el aeróbico intervalado de alta intensidad. El primero resulta ser el más tradicional, se mantiene el mismo tipo de ejercicio (i.e la caminata), durante un tiempo determinado (i.e 30 minutos), a una intensidad moderada. “Pero, en estas últimas décadas –aclara la investigadora– ha tomado lugar un tipo de entrenamiento más tiempo-costo- efectivo y que parece ser más motivador y genera más adherencia, que es el entrenamiento intervalado de alta intensidad. Este entrenamiento es efectivo porque en menos tiempo se logran los mismos beneficios o aún mayores sobre las variables de interés. Tiene la característica de ejercitarse por intervalos de tiempo, intercalando intensidades de ejercicio vigorosas y leves. El objetivo del proyecto es averiguar qué tipo de entrenamiento tiene más incidencia sobre el perfil de la enfermedad en los pacientes coronarios”.

Actualmente, los investigadores obtuvieron algunos datos parciales. Según De Roia, “no podemos decir aun por unanimidad de datos cuál es el mejor entrenamiento. Según los resultados, el entrenamiento intervalado de alta intensidad produce mayores efectos a nivel máximo y submáximo, pero necesitamos una muestra mayor, que corroboren nuestros resultados para comenzar a inclinarnos por el intervalado de alta intensidad”.

Durante el estudio de campo, los investigadores han comenzado a sospechar que con el protocolo de evaluación también podrían obtener resultados interesantes. Para identificar intensidades de ejercicio en forma precisa se necesitan equipamientos costosos y técnicos especializados. La idea, entonces, fue comenzar a pensar en validar una nueva técnica para medir intensidades de ejercicio con los datos que surgen de la ergometría o electrocardiograma de esfuerzo. Los investigadores decidieron entonces trabajar en función de algunas de las variables que son la frecuencia cardíaca y la presión arterial sistólica. 

“Es muy importante conocer las intensidades de ejercicio –explica la codirectora de la investigación–, hay un momento de transición metabólica donde nuestro organismo comienza a desarrollar un estado de fatiga muscular, porque el equilibrio interno entre la producción de energía y la utilización de la misma comienza a perderse, es decir, se necesita más de lo que uno llega a producir. Esto es fundamental para conocer cómo reacciona el sistema cardiorrespiratorio y metabólico a las diferentes intensidades de ejercicio. De esta manera podríamos indicarle a una persona a qué velocidad caminar o correr para obtener los beneficios deseados. Entonces empezamos a preguntarnos: ¿Habrá algún punto de quiebre que nos dé indicación sobre este momento de transición metabólica, con las variables que surgen del estudio de rutina? Empezamos a investigar y encontramos antecedentes sobre la relación entre el punto de quiebre del doble producto, que es el producto entre la frecuencia cardíaca y presión arterial sistólica y el umbral láctico, además del umbral ventilatorio, es decir sobre puntos que nos estarían indicando una pérdida de linearidad en el equilibrio del cual hablábamos”. 

El estudio dio una correlación bastante alta en el punto de quiebre, y ya están disponibles los resultados en la revista de divulgación Insuficiencia Cardíaca, y siguen por más ahora intentando corroborar si esta relación se mantiene luego de los entrenamientos.

Hace cuatro años que los investigadores vienen trabajando codo a codo en el Sanatorio Julio Méndez y en el Centro Nacional de Alto Rendimiento (CENARD). Los especialistas no sólo expusieron los avances en congresos, sino que fueron invitados a participar del Comité de Ejercicio de la Federación Argentina de Cardiología. “Soy la única profesora de Educación Física que forma parte de este comité. Esto me enorgullece y habla de una institución abierta al trabajo interdisciplinar”, se entusiasma De Roia, y agrega que el personal a cargo de los grupos cardiopáticos del CENARD se sostuvo pese al cambio de gobierno, hace dos años.

“La verdad es que tenemos la mejor triangulación: el Estado, con un programa de Salud gratuito; el Centro de Salud, con el programa de rehabilitación cardiovascular, el equipo médico y los equipamientos necesarios para trabajar; y la Universidad de Flores con su laboratorio de Actividad Física y la búsqueda por generar conocimiento científico. Con esos tres elementos se puede hacer investigación. Tenemos las condiciones, y un equipo fuerte para poder seguir en esto”, concluye.

Publicada el 21/06/2017