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NOVEDADES

Día Mundial del Medio Ambiente



Compartimos el artículo realizado por el docente de Derecho Ambiental de UFLO, Prof. Jorge Ragaglia, con relación a la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente. La nueva posición de EE.UU frente al Acuerdo de París y el rol de nuestro país.

El 5 de junio celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, en recuerdo del inicio de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano de Estocolmo de 1972.

En este 2017, como en todos los que conmemoramos de unos años a esta parte, resulta ineludible hablar de luces y sombras, de debes y haberes, tanto en la dimensión internacional como en la local.

En el plano internacional, no hay duda de que uno de los temas dominantes en la agenda es el Cambio Climático. Su presencia entre nosotros es un hecho que ya pocos, a excepción de los fundamentalistas de siempre, pueden negar o ignorar.

Uno de los indicios acaso más evidentes son los reportes de cada año que pasa como el más cálido de la historia.

Esto ocurrió ya con el 2010, el 2014, el 2015 y el 2016. Y nada indica hasta ahora que el presente año no vaya a batir un nuevo record y ostente por tanto este “honor”, desbancando por tanto a los anteriores.

Los esfuerzos de la comunidad internacional para detener este proceso, fruto del uso y abuso de los combustibles fósiles durante décadas, han sido numerosos y variados, pero hasta hoy insuficientes.

Desde la firma de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992, pasando por el Protocolo de Kioto en 1997, hasta casi llegar a ver la luz al final del túnel con el Acuerdo de París de 2015, venimos transitando un camino lleno de dificultades y escasos resultados.

Precisamente el Acuerdo de París fue un rayo de luz de esperanza para muchos, habiendo sido ratificado por tantos países en tan breve lapso. 

Pero ahora, la decisión definitiva de su abandono por parte de Estados Unidos resulta ser una de las peores noticias que hubiésemos deseado recibir. Su presidente, irónicamente, formuló este lamentable anuncio el 1º de junio, prácticamente en los umbrales de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente.

Con uno de los principales países emisores de gases de efecto invernadero fuera de un acuerdo que procura imponer obligaciones concretas para lograr frenar el amenazante aumento de la temperatura media global, el futuro del planeta, sobre el que parecía haberse encendido una luz de esperanza, se ve nuevamente ante una gran encrucijada. El tiempo dirá hasta qué punto la decisión tomada por Estados Unidos el 1º de junio hiere el Acuerdo de París.

Yendo ya a nuestra realidad local, nos encontramos con un panorama igualmente complejo. La política ambiental en nuestro país viene arrojando desde siempre “saldos deudores”. Quienes ocuparon la cartera ambiental nacional durante los últimos años han hecho gala de un marcado desinterés – cuando no desconocimiento – por abordar en profundidad los principales problemas que nos aquejan. Y es así como la influencia del área ambiental fue siempre escasa o inexistente frente a las de producción o industria.

A partir de 2016 la Secretaría de Ambiente pasó a tener rango de Ministerio, pero aún está por verse si este cambio es meramente cosmético o tendrá efectos reales en el corto, mediano y largo plazo.

La deforestación continúa produciéndose a ritmo vertiginoso en el país, en áreas de alta riqueza en bosques nativos, pese a la existencia de una Ley de Bosques concebida para evitar esta tragedia, y vigente desde 2007.

Un ícono de la contaminación a nivel mundial, como el Riachuelo, aún no logra salir de su estancamiento, pese a que pronto se cumplen 9 años de una histórica sentencia que ordenó sanearlo y recuperarlo.

Actividades altamente contaminantes y depredatorias de recursos vitales como el agua – como la minería a gran escala – continúan en pleno desarrollo y expansión en el país, llegando incluso a dañar severamente glaciares, pese a que existe una Ley de Protección de Glaciares concebida también para evitar esta tragedia, y vigente desde 2010.

Y finalmente en materia energética, tenemos la impresión de que se dan pasos que inducen a la confusión y a la incertidumbre.

Por un lado, el Gobierno Nacional ha ofertado una cantidad de megavatios para energías renovables (solar y eólica principalmente), lo que desde ya es muy auspicioso.

Pero por otro lado, se avanza decididamente en la construcción de mega represas en la Patagonia, a pesar de insistentes voces que se alzan desde la sociedad civil para señalar los altísimos costos económicos y gravísimos peligros y riesgos ambientales que esto supone.

Por todo esto, en este Día Mundial del Medio Ambiente, la consigna continúa siendo la misma: redoblar los esfuerzos desde todos los ámbitos – las autoridades, como tomadores de decisión, y la sociedad civil, nosotros, como factores de incidencia y de presión – para que el desarrollo sustentable que desearon los firmantes de la Declaración de Estocolmo de 1972, no se quede en el papel y en las buenas intenciones y sea, más pronto que tarde, una realidad. Por nuestro bien y el de los que vendrán.

Jorge Ragaglia

Profesor de Derecho Ambiental - UFLO